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Describir

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Pedir un café.

La cafetería parecía vacía, las únicas personas allí eramos los tres de la fila, y la cajera, que también servía el café. La persona que estaba frente a mí, decidiendo qué ordenar, parecía preocupado; un poco ansioso por los movimientos acelerados de sus dedos sin ningún motivo aparente. Una chaqueta de cuero y unos jeans oscuros completaban el sombrío semblante de este hombre. Puedo apostar que pedirá un expresso o un americano.

La cajera no está muy contenta de la indecisión de este hosco personaje. Ella mastica su chicle por inercia, porque probablemente lleva con él unas horas. Es una mujer joven que aparenta ser mayor, y lo dulce de su juventud parece ser drenado por la monotonía y el trabajo nocturno en la cafetería.

El olor del café se mezcla con el frío de la noche y algunos toques de tabaco de personas fuera de la cafetería. La luz amarilla del lugar le da un toque calido, aunque sea solo visual. No soy capaz de describir la persona atrás de mí, pero siento su presencia. Los dedos de mis pies están fríos, igual que los de mis manos. Todo esto lo pensé en cinco segundos, mirando las baldosas cuadradas blancas y rojas del piso, mientras nuestro hombre tomaba una decisión. Un latte.

Las velas

Una mesa de mármol. Una persona en cada esquina. Realmente no podría definir si eran hombres o mujeres. Eran entes. Seres presentes actuando sobre aquel desafortunado cuerpo. Las velas inundaban el lugar. Incontables llamas que iluminaban el habitáculo en el que se encontraban. El olor a esperma quemada era profundo, y se mezclaba con las pociones e infusiones con las que trataban aquel desafortunado cuerpo. El frío del exterior impregnaba las paredes, se escurría entre los umbrales y se convertía en una brisa unidireccional que rodeaba la habitación y enfriaba la espalda de los presentes y los no presentes. No era un lugar agradable. Sin embargo, allí se encontraban, realizando este ritual sobre aquel desafortunado cuerpo.

Una herramienta forjada en hierro penetraba capas de piel desde la parte inferior del esternón hacia su pelvis dejando al descubierto sus órganos intestinales, los cuales brotaban junto a un mar de sangre el cual cubrió la superficie de la mesa. Toda esa entraña se trituró. Se recogió la mayor cantidad de sangre que se pudo drenándola a través de su arteria carótida. Con ella, pintaron símbolos en el piso. Líneas serpenteantes que no tenían sentido desde abajo, pero que desde la cúpula de aquel lugar daban forma un circulo con dos triángulos contrarios, que en su mitad describían un ojo devorador. Un ojo sin párpado en el que se puso toda la tripa, y al ser completado el ojo iluminó la habitación mucho más que las velas; expulsó un hedor indescriptible que llenó la habitación en dos segundos y del cuál emergió una figura inmensa, semihumana, con piel de fuego, con sus cavidades oculares aparentemente vacías y, en su frente, dos extensiones óseas en forma de ese. Y a pesar de todo el fuego, ese lugar jamás había sentido tanto frío.

Un tinto

Recuerdo que un día llegué a casa, toqué la puerta emocionado por verle su carita y a los poco segundos escuché como un cuerpo se incorporaba dentro del apartamento. Escuché como con sus pies descalzos caminaba hacia la puerta con euforia, con pasión. Estaba emocionado porque me abriera la puerta y ella estaba emocionada de abrirme. Cómo eramos de afortunados.

Recuerdo que al abrirme las luces de la sala iluminaron su silueta, y con el brillo de su sonrisa me saludó. Ella nunca me decía nada, solo se quedaba sonriendo con esa sonrisa que hacía con cada músculo de su rostro. Sus ojitos se achinaban, sus mejillas se estrechaban, se notaba la fuerza que hacían sus labios como si desearan alcanzar las orejas… Se quedaba mirándome unos segundos y luego me estiraba los brazos pidiéndome un abrazo. En ese momento, y ya después de haber detallado y disfrutado su rostro, era cuando daba dos pasos hacia dentro del lugar, y me lanzaba a ese ser que complementaba mi alma.

También recuerdo que ese día estaba más emocionada de lo usual, tenía una risa pícara, se notaba que quería decirme algo. “Te tengo una sorpresa” me susurró al oído en alguno de todos los abrazos que nos dimos ese primer momento. Era algo interesante. Realmente no se me ocurría qué podría ser pero lo que más me emocionaba era ver su emoción. No sabía qué era pero sabía que tenía que actuar sorprendido, encantado, tenía que actuar de la manera que ella esperaba porque no soportaría ver esa sonrisa preciosa desbaratándose porque no me sorprendí. Acto seguido me llevó a la cocina y me enseñó una olleta. “¡Hice tinto!”. Estaba tan emocionada. Era realmente algo que yo aprecié mucho porque yo le enseñé lo que era un tinto, que no es la gran cosa pero es algo muy cultural.

Recuerdo seguir sus movimientos a detalle, mientras ella llenaba con ansías esa taza.

Recuerdo que probé ese café y me supo a gloria. ¿Qué había hecho yo para que esta bella mujer dedicara su tiempo a hacerme un café? Para que, a pesar de que no tenía ni idea, haya decido tomar la iniciativa y preparame algo fuera de su conocimiento. Más adelante me confesó que tuvo que pedirle ayuda a mi madre para tal azaña, pero siento que eso incluso agregó mérito a la situación.

Recuerdo que después de darle el primer sorbo a esa taza caliente, balanceé ese líquido por toda mi boca para saborearlo, par disfrutar con cáda célula ese sabor. Lo hacía mientras miraba fíjamente a los ojos a esa mujer.

Y recuerdo que mientras terminaba mi primer sorbo no me pude resistir a esa mujer que tenía delante y me le acerqué cual puma a su presa. No le quité ni un segundo la mirada de sus preciosos ojos miel. Puse mi mano sobre su pierna, me le acerqué al oído lentamente y le susurré “Quisiera decirte lo rico que me sabe ese tinto, pero creo que es mejor que te lo demuestre”.

Escribir siempre ha sido algo que me ha llamado la atención, porque es la manera más accesible que tengo para representar tantas ideas que vuelan por mi mente.

Cualquier persona que trate de escribir algo en general va a notar lo distante que está de ser algo “leíble”. Fue lo que me pasó cuando traté de escribir mis historias. La diferencia entre escribir por escribir, y escribir con el talante de un escritor es el nivel de detalle de cada pieza. Hace poco vi una publicación en facebook la cual voy a poner aquí para que la disfruten:

En el oscuro confín de un bosque silente, un majestuoso alce, testigo del cruel designio del destino, yacía inmóvil entre dos rocas implacables. Sus ojos, una vez llenos de vida y nobleza, reflejaban ahora la tristeza de un adiós prematuro, mientras el viento susurraba el lamento de su última agonía. Las sombras se cerraron alrededor, ocultando su majestuosidad, y la naturaleza, impávida, siguió su curso, indiferente al corazón que dejó de latir en aquel sombrío rincón del mundo.” - Raúl Tornés

Ahora quiero que piensen en cómo lo habrían hecho ustedes. Si le pedimos a una persona común describir la imagen simplemente dirá que es el esqueleto de un desafortunado animal colgando de dos piedras. Fue lo que yo creí que más o menos hubiera dicho sin esfuerzo.

Tampoco vamos a decir que los escritores les fluye así de fácil. Sin duda Tornés tuvo que esforzarse para encontrar las palabras adecuadas para este texto, pero lo logró.

Esto me llevó a querer desarrollar mis habilidades de descripción, mis habilidades de detallar las cosas y describirlas no solo por lo que veo sino también por lo que siento. Así que decidí hacer este escrito corto pero sustancioso mostrandoles los ejemplos que vaya realizando. Tbh, he estado practicando últimamente con una persona esto y no se imaginan cómo esta habilidad hace especial diferentes situaciones que no voy a mencionar porque esto es Family friendly jeje, pero los animo a practiquen esto en diferentes escenarios como yo.

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